Nuestro sabroso e inigualable protagonista
 
Este sencillo post se lo dedico con especial cariño y admiración personal, a todas aquellas personas y entidades públicas y privadas que vienen contribuyendo altruistamente a la conservación de la naturaleza y especialmente a mis queridos paisanos de Galicia y a todas las ciudadanas y ciudadanos de las diferentes Comunidades Autónomas de España, que a través de su desinteresada ayuda, de su gran generosidad y sobre todo de su solidaridad ayudaron a evitar y a atenuar en la mayoría de las actuaciones que se han llevado a cabo hasta el momento presente, los graves daños que ocasionó en nuestros mares y en nuestra maravillosa costa el desastre del Prestige.
Percebes Cocidos

No es necesario ser madame de Thébes
ni saber brujería o cartomancia,
ni haber nacido en Inglaterra o Francia
para guisar percebes.
Lo difícil del trance es darse traza
para encontrarlos gordos en la plaza,
ya que, no siendo buzo o marinero,
le es imposible a todo cocinero
procurarlos por medio de la caza,
como se alcanzan liebres y perdices
sin miedo a romperse las narices,
que es muy fuerte arañar el duro risco
por la busca y captura de un marisco
que cuando está bien gordo y comestible,
se oculta bajo un mar inaccesible,
y sólo está al alcance de la mano
si se halla delgaducho, o en el verano
cuando sabe el indino
que el comercio transforma el intestino.
Una vez el molusco en la cocina
la receta cualquiera la adivina.
Con agua y sal, en pote, van al fuego,
se sopla un poco, y a comerlos luego.
Como fin de receta:
no lo comáis jamás sin servilleta
que os tape todo el busto
si queréis evitaros un disgusto.

Alfredo Tella.
Enrique Mapelli López en su libro «La Gastronomía en Verso» (Nota abreviada) nos dice:
 
-«Esta versificada receta se publica en la «Cocina práctica» de Picadillo, seudónimo de Manuel Puga y Parga, colega mío como abogado y yo discípulo suyo como aficionado a la gastronomía «.

El Percebe

Gilbert Desport en el citado libro » L´operne – El Percebe «, reproduce la poesía de Alfredo Tella añadiendo esta otra de Gabriel Celaya:

Cuando llega un amigo,
la casa está vacía,
pero mi amada saca
jamón,anchoas,queso,
aceitunas,percebes,
dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro.
Sé que todo es fiado
y no quiero pensar
si podemos pagarlo.
Y cuando sin medida
bebemos y charlamos
y el amigo es dichoso,
cree que somos dichosos,
y lo somos quizá…

 


Fuente consultada: «La Gastronomía en Verso» de Enrique Mapelli López.

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